Pasar al contenido principal
Fecha Publicación - Hora

Hasta último momento y en contra de todo el mundo democrático, el presidente venezolano Nicolás Maduro insistió en que hoy se realizará en el vecino país la elección de los miembros de una constituyente que cambiará a su amaño la Constitución Nacional, con el único propósito de perpetuarse en el poder y cerrar de un tajo cualquier aspiración de la oposición a llegar al gobierno por las vías de la democracia. Hoy será un día de tensión máxima, en el que el futuro de Venezuela quedará marcado y que en lugar de aplicar remedios a la ya grave situación que se vive desde hace meses, pone sal en la herida y lleva al límite extremo el devenir de esa nación.
Las fuerzas opositoras a Maduro, que llevan 120 días de protestas sin pausa en las calles, decidieron atrincherarse para evitar que dicha constituyente tenga éxito. Hasta hoy son 115 los muertos en estas manifestaciones, que han sido repelidas de manera brutal por la Guardia Bolivariana, pero esa cifra podría elevarse mucho más. Ojalá que no. Como sea, lo deseable es que lo que la Mesa de Unidad Nacional (MUD) ha llamado “toma de Venezuela” resulte victoriosa y se hunda para siempre el proyecto de Maduro de establecer de manera oficial una dictadura, como ocurriría si sale adelante su constituyente.
Así como en el país los civiles han ido incrementando su posición unificada de oponerse al autoritarismo del régimen y establecer estrategias para exhibir su descontento, desde afuera se han venido tomando posiciones más consistentes para advertirle a los chavistas que sus excesos pueden llevar a aislar a ese país de una manera radical. Voces autorizadas en todo el mundo repudian las actitudes déspotas del actual gobernante y, en el caso de los Estados Unidos, se advierte de sanciones económicas si se concreta la constituyente.
Desde Colombia también se ha asumido una actitud más fuerte contra ese proyecto. De hecho, el presidente Juan Manuel Santos lanzó el pasado viernes un mensaje contundente: desconocerá los resultados, por considerarla contraria a los principios democráticos que deben ser defendidos en todo el mundo, y con especial énfasis en América Latina. Hoy se cuenta con prácticamente un consenso en Venezuela y fuera de allí acerca de la inconveniencia y peligro del camino tomado por Maduro, con el que pretende borrar de un plumazo la Asamblea Nacional, que es órgano legalmente elegido y tiene mayorías opositoras a sus pretensiones.
El mandatario ha dicho que está abierto al diálogo y que quiere paz, pero la única manera de demostrar que tales deseos son verdaderos es suspendiendo su convocatoria y abriendo la posibilidad para que el pueblo venezolano exprese de manera abierta si quiere que su gobierno continúe o no, y llamar a nuevas elecciones generales y directas en las que se garantice total transparencia y respeto de los resultados. Como la posición de Maduro parece inflexible, muchas empresas extranjeras han tomado la decisión de salir de ese país y así evitar afectarse de manera grave si las cosas se complican más. Por eso, después de 60 años de operaciones ininterrumpidas, la aerolínea colombiana Avianca determinó cancelar todos sus vuelos desde y hasta ese país, ejemplo que viene siendo seguido por otras compañías.

F
Hoy la realidad lamentable es que Venezuela es un país en guerra del que buena parte de la población quiere huir. Tal realidad se vive en la frontera con Colombia donde en la última semana se ha visto la peregrinación de miles de ciudadanos de esa nación que buscan refugio. Incluso en ciudades tan lejanas de la frontera, como Manizales, cada vez se siente más la presencia de venezolanos que expresan su rechazo a todo lo que hace Maduro y sus secuaces para usurpar el poder íntegro y manejar a su antojo lo que queda de lo que fue el más próspero país de América Latina.