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La muerte de Jairo Ortiz, un joven de 19 años, víctima de un disparo en el pecho durante una protesta en las afueras de Caracas, en contra del régimen de Nicolás Maduro, el jueves en la noche, demuestra que ese gobierno está decidido a acallar como sea a quienes se atreven a manifestar sus inconformidades contra el chavismo que hoy detenta el poder en el vecino Venezuela. El asesinato ocurrió cuando la Guardia Nacional llegó a sofocar la protesta en la urbanización Montaña Alta, donde se adelantaba un bloqueo vial.
Para hoy están programadas grandes marchas para seguir rechazando las actuaciones de fuerza y dictatoriales que viene ejecutando ese gobierno contra su pueblo. Ojalá que no se repitan los episodios violentos que se vivieron durante toda la semana, en los que la Guardia Nacional no guardó escrúpulos para usar sus armas en contra de los manifestantes desarmados. A los actos antidemocráticos de la administración de Maduro, hay que sumar los granes problemas económicos que padecen nuestros vecinos, lo que podría llevar a una crisis humanitaria de proporciones insospechadas y con negativas consecuencias para Colombia.
La Organización de las Naciones Unidas (OEA) está por fin avanzando hacia la toma de decisiones que conduzcan a que la democracia regrese a Venezuela. Si bien el Tribunal Supremo de Justicia le devolvió esta semana las facultades a la Asamblea Nacional, la cual tiene mayorías opositoras al gobierno de Nicolás Maduro, lo que ha venido pasando desde hace varios años en el vecino país y el rumbo cada vez más incierto que han venido teniendo los venezolanos hacen necesario que no se den más largas para entrar a influir de manera directa en las soluciones.
Hay que restituir el orden constitucional, sin duda alguna, y la sesión de la OEA en Washington el pasado miércoles fue clave para confirmar la determinación de tomar cartas en el asunto, pues no es posible permitir que un solo país desestabilice a todo un continente. Ojalá que esa actitud, liderada por el secretario general, Luis Almagro, no se quede a mitad de camino como ha ocurrido en otras ocasiones, cuando las aguas tibias se han impuesto y se ha permitido que la situación se agrave de manera gradual y peligrosa.
Las manifestaciones de protesta del pueblo venezolano, las cuales han ido en incremento, son reflejo de un orden democrático roto, producto de la alteración inconstitucional en la que se ha caído y que lleva a la urgencia de adoptar determinaciones directas, antes de que el panorama se agrave y sea tarde para actuar y encontrar fórmulas de salida. En el seno de la OEA es lógico que Bolivia y Nicaragua actúen para oponerse al deseo de las mayorías del continente, pero es necesario que sin renunciar a las vías de la diplomacia se deje claro que los caprichos del régimen chavista no pueden imponerse a la fuerza. 

Esperemos que para la Asamblea General programada en Ciudad de México entre el 19 y 21 de junio próximo el tema de Venezuela esté superado, y la organización pueda pensar en situaciones más positivas que inviten a seguir trabajando en equipo para tener cada vez un continente más tranquilo y próspero. Justamente, el tema de la reunión de este año es “Fortaleciendo el diálogo y la concertación para la prosperidad”, por lo que es necesario hacer todos los esfuerzos durante los próximos dos meses para que el pueblo venezolano tenga otras opciones distintas a las de seguir padeciendo un gobierno de corte totalitario que lleva el país hacia el abismo.