El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sin un motivo de fondo que justifique su decisión, y al parecer motivado solo por llevarle la contraria a su predecesor, Barack Obama, se retiró esta semana del pacto con Irán para ponerle fin a sus programas nucleares. No solo eso: también anunció que la próxima semana ampliará sus sanciones económicas a esa nación del Oriente Medio, enviando un claro mensaje de apoyo incondicional a Israel en las crecientes tensiones que se viven en esa región del planeta entre los dos países. El bombardeo israelí del miércoles a objetivos iraníes en Siria es clara evidencia de ese respaldo que ahora sienten, y es difícil medir las consecuencias que ello tendrá.
La movida de Trump es, sin duda, riesgosa. La mayor parte de analistas la considera equivocada, sobre todo porque podría generar inestabilidad económica en el mundo, por las repercusiones que se sentirán en el mercado del petróleo, pero más que nada por los peligros que se incrementan alrededor de la seguridad orbital. Pocos entienden cuál es la necesidad de cambiar algo que venía funcionando bien, y que sus socios europeos defienden, precisamente por los alcances positivos logrados desde el 2015, cuando se firmó el acuerdo. Lo ocurrido podría llevar a que Arabia Saudita, aliada estadounidense, quiera ingresar con fuerza en la carrera armamentista, lo que desestabilizaría aún más esa región.
La misma Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aseguró en marzo pasado que sus funcionarios pudieron ingresar a todos los lugares en los que Irán venía implementando su programa atómico, en una tarea de verificación que arrojaba excelentes resultados. Es decir, los riesgos de que ese país del Oriente Medio retomara su interés por la energía atómica estaban conjurados y lo que ahora sucede es un verdadero desafío a los iraníes, quienes podrían reaccionar de manera inadecuada, mientras que las otras potencias del mundo hacen llamados a la calma. Aquí cabe el dicho de que lo "perfecto" es enemigo de lo bueno.
La manera personalista con que Trump le ha dado manejo a un asunto tan delicado y con repercusiones para todo el orbe es irresponsable. Si había algún tipo de reparo al acuerdo, si pensaba que podría ser mejorado, si consideraba fundamentales algunos cambios el camino tendría que haber sido el llamado a Irán y las demás potencias a volverse a sentar y hacer las revisiones, pero sin echar por la borda todos los esfuerzos realizados para frenar el programa nuclear iraní, que en las actuales circunstancias podría ser reactivado en cualquier momento, pese a las advertencias de nuevas sanciones. El estilo diplomático de Trump de llevar todo a los extremos tal vez no le salga bien en esta ocasión y los afectados seríamos todos.
Esta decisión irracional solo parece obedecer a su obsesión por echar a un lado el multilateralismo, y sacar a los Estados Unidos de toda iniciativa internacional en la que tenga que acogerse a consensos con otras naciones a las que Trump considera inferiores. Esa visión del mundo genera inquietudes profundas acerca de hasta dónde llegarán sus acciones y cuáles serán las consecuencias. Europa, Rusia y China deberían mostrarse unidas en esta coyuntura para garantizar que Irán mantenga su compromiso de no avanzar en la generación de energía atómica con fines bélicos e incluso limitar su programa de misiles balísticos, pero al mismo tiempo frenar las posibles carreras armamentistas de otras naciones del Oriente Medio que quieran provocar a los iraníes en los actuales momentos. Hay que trabajar para mantener la calma.