Desde que se fijaron los Objetivos de Desarrollo Social (ODS) 2015-2030 se sabía que el reto iba a ser difícil. Su antecedente, los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2000-2015 no se cumplieron en la mayoría de propuestas y ciudades, con lo que quedó un sinsabor por las políticas públicas aplicadas y por lo difícil que ha resultado lo que parecía tan sencillo, priorizar la inversión en mejorar la calidad de vida de los más necesitados para, de esta manera, lograr unos indicadores que permitieran hacer del mundo un lugar mejor para todos.
El problema es que si fue difícil cumplir en un entorno económico más favorable, como fue el de la primera década del siglo, sobre todo para países como el nuestro, qué se puede esperar para lo que viene, a sabiendas de que el nuevo reto comienza en un entorno más complicado. La Red de Ciudades Cómo Vamos presentará el martes en Bogotá, los cinco retos urbanos de esta apuesta a la que le quedan 13 años para cumplirse.
Se supone que cuando culmine la tercera década de este siglo, dos terceras partes de la población mundial habitarán en ciudades y se espera que en lo que resta para llegar a ese año, las ciudades intermedias recogerán un gran volumen de gente que se desplazará del campo en busca de mejores condiciones, o de las grandes urbes, porque desean mejor calidad de vida. Si no se presta atención a esta situación, es posible que muchas ciudades que hoy apenas esbozan problemas de las metrópolis no sepan tomar las decisiones correctas y puedan terminar en un caos social y urbanístico.
La labor que empieza a cumplir la Red de Ciudades Cómo Vamos pone en la agenda pública los retos establecidos. De esta manera se pueden promover pactos ciudadanos para dar prioridad a las inversiones en los temas esenciales, que favorezcan al mayor número de ciudadanos y que obedezcan a decisiones técnicas y no a los caprichos de los gobernantes. Para eso se requiere que quienes tienen que ejecutar las políticas públicas tengan en cuenta lo que plantean los ODS y se armonicen los planes de desarrollo para de esta manera alinearse con los resultados esperados. Además, es necesario que haya responsables de los diferentes retos, para tener seguridad de que habrá quién esté pendiente de que el camino se esté recorriendo.
Las repetidas ocasiones en que se decreta la alerta naranja en Medellín por la polución del aire nos muestran que no se trata de un tema menor. Si las ciudades siguen creciendo con el modelo que hoy tenemos se va a dificultar la calidad del aire, pero no será el único reto difícil de cumplir, porque se trata de conjugar la capacidad urbana que ofrecen las ciudades con la calidad de vida que se requiere para disfrutarlas, no para padecerlas. Esto significa mejorar tiempos de desplazamiento en movilidad; preocuparse por mantener una buena calidad del ambiente; reducir los índices de violencia, inclusive la doméstica; brindar oportunidades de estudio y de trabajo a sus habitantes, y mejorar los indicadores de atención en servicios públicos, entre otros.
Advierte la Red que para poder cumplir con tales metas, lo principal es contar con información desagregada a nivel local. Es necesario que se aterricen los objetivos y se pongan claros ciudad por ciudad, y esto servirá incluso para que lo tomen en cuenta quienes están por fuera de esta Red para que hagan lo propio y puedan saber a ciencia cierta si están ayudando a hacer del planeta un lugar mejor. Qué bueno que los gobernantes pusieran atención a estos temas.