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66 ancianos han muerto atropellados en las vías de Manizales en cinco años. Esta vergonzosa cifra debería motivar acciones contundentes para evitar que esto siga sucediendo en la ciudad. En declaraciones a LA PATRIA el alcalde había dicho que parte del problema pasaba porque los ancianos salen solos a las calles, contraviniendo la ley. Es cierto que el Código Nacional de Tránsito dice que las personas mayores de 60 años deben cruzar las calles acompañadas, pero igualmente es cierto que la peor decisión para dignificar a estas personas es encerrarlas en casa haciéndolas sentir inútiles, y que solo puedan salir cuando alguien las pueda llevar de su mano.
Es claro que al envejecer se pierden capacidades, pero no por eso debemos entonces enclaustrar a estas personas. Es la peor de las soluciones. Todo lo contrario, hay que permitir que puedan disfrutar de la ciudad, que esta sea amable con ellos, al tiempo que los ciudadanos podrían aprovechar su experiencia, su conocimiento. Harto nos falta aprender de los japoneses o de comunidades indígenas en aspectos como este, en donde al viejo se le respeta y se le escucha. Tener los bancos de experiencia sería muy importante para que ellos se sientan valorados y para que los demás aprovechemos su conocimiento. La política pública de envejecimiento en la ciudad es un dictado de buenas intenciones, pero sin ninguna meta concreta. Vale la pena que se piense en ello.
La población adulta mayor aumenta en Colombia, sobre todo la de más viejos, y esta tendencia es aún más evidente en Manizales, ciudad que se caracteriza por expulsar jóvenes, por varias razones, y que en la teoría parece amable con sus ancianos. Sin embargo, la forma en que estos son tratados en las vías de la ciudad nos muestra que estamos lejos de llenar de contenido las cosas que tanto pregonamos como un lugar con calidad de vida. La realidad del envejecimiento de la población colombiana se combina con un momento de la humanidad en el que la soledad la viven cada vez más personas. Nos estamos entonces encontrando con más ancianos, que además viven solos muchos de ellos.
El problema del comportamiento vial es un mal mayor en nuestra sociedad. Aquí se combinan factores y responsabilidades de los transeúntes, de los conductores, de los motociclistas y de las autoridades que no se enfocan en sus campañas. Dicen que se invierte mucho, pero ¿quién recuerda cuál es la campaña de seguridad vial que se tiene hoy en Manizales? Que salen con un ataúd a la calle, justifica el secretario de Tránsito. Y una verdadera campaña es mucho más que espectáculos momentáneos.

Manizales Cómo Vamos ha identificado que en los temas de movilidad, la ciudad no cuenta con un solo indicador en verde, pero lo peor es que se encuentra en rojo en temas como los lesionados en accidentes de tránsito, y de estos muchos son ancianos. Si los conductores al ir al volante pensaran con más responsabilidad antes de hundir un pedal; si los peatones al cruzar las vías lo hicieran en los lugares indicados siempre y si las autoridades acompañaran todo sería menos dramático, pero no es nuestra realidad. Tenemos mucho por hacer como sociedad, y bien valdría la pena que quienes hoy están en el Gobierno se tomen en serio la política pública para la tercera edad, porque el ideal es que todos lleguemos allá, y cuando eso suceda podamos realmente contar un buen vividero también para quienes pasan de los 60 años.