La historia del corregimiento de Arauca, en Palestina (Caldas), ha estado signada por la violencia. En los años recientes ha venido logrando una recuperación de la tranquilidad que, infortunadamente, en el 2017 parece opacarse. Son míticos los relatos de una masacre sucedida en ese poblado sobre el río Cauca el 29 de octubre de 1949, en desarrollo del periodo conocido en nuestro país como La Violencia. De acuerdo con los reportes de la época 49 personas fueron asesinadas y nunca se pudieron precisar sus autores, aunque se llegó a señalar a los liberales gaitanistas, a civiles conservadores, a los llamados "pájaros" en esa época y hasta a la Policía.
Ese, sin duda, fue un momento oscuro de la violencia en esa localidad que los viejos pobladores sobrevivientes decidieron callar para no poner en riesgo sus vidas, pero que ha trascendido por rumores que fue imposible contener entre varias generaciones. Vino luego, en los 60 y 70 una época de prosperidad de la mano del tren, el cual al ser levantado solo generó desesperanza. Lo cierto es que la situación del corregimiento en las décadas de los 80 y 90 también estuvo manchada por hechos de sangre, en buena medida relacionados con las mafias del narcotráfico de Medellín y del Valle del Cauca que buscaron allí a jóvenes que les sirvieran como sicarios. Más adelante el fenómeno del paramilitarismo y la llamada parapolítica también hizo lo suyo.
Por todo esto, resulta muy preocupante que resurjan ahora los hechos de violencia. Este año se cuentan ya cinco asesinatos, lo que de acuerdo con el secretario de Gobierno de Caldas, Carlos Alberto Piedrahíta, corresponde a una tasa de 90 homicidios por cada 100 mil habitantes, índice que podría estar entre los peores de Colombia, y tal vez del continente. Lo que se sabe es que en esta ocasión el origen de esas muertes tiene relación con la guerra entre bandas de microtráfico que luchan a sangre y fuego por manejar el mercado local. Hoy se conoce que en buena medida esas bandas corresponden a estructuras de organizaciones más grandes que son administradas desde otras ciudades.
Hay quienes sospechan que detrás de los asesinatos también podría estarse dando lo que mal se ha denominado "limpieza", debido a que dos de las víctimas han sido reconocidos consumidores de alucinógenos habitantes de calle. Como sea, es fundamental que las autoridades y las entidades que velan por la defensa de los derechos humanos investiguen y estén pendientes de lo que está ocurriendo en Arauca para frenar esta triste racha, además de hallar a los responsables y judicializarlos.
Es vergonzoso que de las 15 cámaras de seguridad que están instaladas en el corregimiento solo funcionen dos, y que no se hayan tomado a tiempo las medidas necesarias para asegurar la vigilancia. Ojalá que el proyecto presentado por la actual administración avance rápido y que muy pronto se pueda conjurar la intranquilidad y el miedo que se ha tomado el poblado. Es triste que esto ocurra en un lugar que tiene innegables atractivos turísticos que podrían ser mejor explotados si no se tuvieran estos episodios cíclicos de violencia, que ensombrecen cualquier idea de lograr la recuperación y construir un mejor futuro.
Hay en Arauca problemas sociales profundos por resolver que se convierten en caldo de cultivo para seguir generando violencias. Por eso, además de una necesaria intervención policiva, se requiere que desde la Alcaldía de Palestina y desde la Gobernación de Caldas se tenga una mayor presencia con programas que ataquen las raíces de problemas de vieja data que ya deberían estar resueltos.