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El Día Internacional de la Mujer ha ido tomando con el tiempo la atmósfera de una celebración liviana en la que se le envían mensajes dulzones a las damas de la oficina, a las mujeres de la familia y a todas las amigas y conocidas que se tengan a la mano. Y no es que no deban resaltarse sus valores, virtudes y capacidades en este mundo moderno, lo cual se lo merecen de sobra, sino porque el fondo del asunto es mucho más serio y trascendental, y cada 8 de marzo debería ser motivo de reflexiones más profundas acerca de la real situación de las mujeres en nuestra sociedad.
Lo realmente sustancial es hablar de la equidad de género y de cómo quedan enormes vacíos por llenar en los distintos escenarios en los que las mujeres deberían tener los mismos derechos que los hombres, sin tener que estar en la tarea de mendigarlos. En Bogotá, por ejemplo, fue presentada ayer la línea base de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los cuales el número 5 es la Igualdad de Género, en el que nuestra realidad ha mejorado de manera ostensible en las décadas recientes, pero en el que persisten enormes deudas por pagar.
Hay que reconocer que en el mundo persisten toda clase de discriminaciones en contra de las mujeres y las niñas, quienes además son permanentes depositarias de violencias, como la trata, la explotación sexual y el maltrato físico, además de otros tipos de agresiones que son defendidas en algunas regiones del mundo como elementos de la cultura. En los ámbitos laborales es común que ellas sufran algunas desventajas en cuanto a sus ingresos, e incluso en numerosos casos tienen más problemas que los varones para acceder a la educación.
La posición de las mujeres, en general, es desventajosa en los escenarios de la participación política y en las oportunidades de liderazgo en los ámbitos públicos y privados, y en numerosos casos hasta las cuotas que por ley deben cumplirse, por ejemplo en los casos de elección popular, tampoco son respetadas o solo se usan las mujeres para rellenar listas. Falta mucho por hacer en el mundo para dejar atrás los lastres de una civilización que siempre ha subvalorado el papel de la mujer en la sociedad, como están las cosas estamos aún crudos en equidad de género, inclusive en la mayor parte del mundo desarrollado.
Hay que anotar que el Día Internacional de la Mujer se conmemora para recordar las luchas que vienen dando las mujeres desde comienzos del siglo pasado para llegar a la igualdad, el salario justo, una jornada corta de trabajo y el derecho al voto, logros que poco a poco se han alcanzado. También es una fecha que permite recordar la muerte de 146 jóvenes trabajadoras en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York (EE.UU.), que se incendió en 1911, y de donde no pudieron salir porque las puertas estaban cerradas con llave como una forma de prevenir robos.

En Colombia queda mucho por hacer en esta materia, aún más de lo que quedó planteado en los acuerdos con las Farc y que algunos llevaron a confundir con ideología de género. Más que jornadas de empleo para las mujeres, como la que se realizará hoy en Caldas para cubrir 200 vacantes, se requieren políticas de mayor fondo para dejar a un lado la cultura machista que domina nuestro entorno y avanzar seriamente hacia la construcción de condiciones de igualdad que se consoliden y se conviertan en la regla de comportamiento general. En un país como el nuestro, en el que la guerra convirtió en víctimas de toda clase de atropellos a millones de mujeres, este es un problema que no puede seguirse mirando de soslayo.