Los datos recientes divulgados por el Gobierno Nacional acerca del nuevo salario mínimo mensual y el Índice de Precios al Consumidor (IPC o inflación) con el que cerró el 2017 dejan ver el interés del Ejecutivo para solucionar un problema que afectó fuertemente la economía el año pasado: el bajo consumo interno. Mientras que la inflación terminó en 4,09%, un poco por encima de la meta del Banco de la República, el salario mínimo fue incrementado en 5,9%, casi dos puntos por encima del IPC, lo que en teoría podría permitir que la gente pueda gastar más y ayudar a que la economía nacional se dinamice. Hay que reconocer que la inflación ha tenido un fuerte descenso en los años recientes: en el 2015 fue de 6,77% y en el 2016 de 5,75%.
Ahora bien, más allá de las posibles consecuencias de estos resultados y decisiones, lo cierto es que siempre que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) da a conocer la inflación acumulada y que se establece el salario mínimo, comienzan los incrementos de los costos de diversos productos y servicios, que afectan de manera directa el bolsillo de los consumidores. Por ejemplo, el costo de los arriendos tiene un impacto directo apenas se conoce el dato de la inflación, aunque la fecha del alza está ligada al momento en que fue firmado el contrato. Ocurre igual con las administraciones de los conjuntos residenciales.
La inflación anual también sirve para reajustar los créditos hipotecarios, los servicios registrales, las matrículas de los colegios y los peajes. Ahora bien, hay que tomar en cuenta que, de acuerdo con la experiencia del año pasado, los incrementos en la gasolina y en los servicios públicos estuvieron por encima de la inflación causada, y tienen un gran impacto en los hogares. Si todo ocurre como lo tienen previsto el Banco de la República y el Gobierno Nacional, para el 2018 la inflación estará entre el 3,3% y el 3,5%, ajustándose al rango de 2% y 4% que se considera sano para la economía. Ojalá así sea, y que eso implique un avance significativo en la dinámica de crecimiento.
También es importante prestar atención a las causas de los mayores incrementos de los precios para el consumidor en los rubros de diversión (7,69%), educación (7,41%), comunicaciones (6,43%), salud (6,34%), transporte (4,52%) y vivienda (4,49%), porque si se controlan de manera eficiente tales costos, en el 2018 será posible alcanzar la meta de manera más fácil. También es necesario reflexionar acerca de los motivos que llevaron a que Manizales estuviera por encima del promedio nacional, con una inflación del 4,29%, donde los alimentos, el transporte y el vestuario tuvieron los mayores impactos.
Como sea, es fundamental que el Gobierno Nacional establezca en forma clara que cualquier alza que se produzca en productos y servicios se haga con base en la inflación y no con el salario mínimo, como viene ocurriendo con los pasaportes, las multas de tránsito, el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), las cuotas moderadoras y copagos de los servicios de salud, y hasta en los reajustes de los pasajes urbanos, los cuales son incrementados desde el primer día de cada año. No hacerlo así puede generar distorsiones en los costos de los productos y servicios y tener un efecto contrario al buscado, o convertir de manera indirecta el alza del salario mínimo en un factor inflacionario.