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Brasil anuncia que enviará tropas a la frontera con Venezuela y que seguirá pidiendo el pasaporte, esto después de que un enclave de venezolanos en Paracaima, ciudad del Estado de Roraima, fue incendiado por ciudadanos que culparon a un venezolano de un atraco. La solicitud de este documento empieza también a ser obligatoria en Ecuador y Perú para los nacidos en el país petrolero que quieran cruzar la frontera. Antes bastaba con la cédula. En Chile ya se solicita una especie de visado, que se certifique que los migrantes no tienen antecedentes y para ello les exige un pago de 50 dólares, una fortuna para cualquier originario de ese país. Argentina, por su parte, anuncia un nuevo control migratorio.
Las cifras más recientes que ha dado la Organización de Naciones Unidas dan cuenta de por lo menos 2 millones 300 mil venezolanos que dejaron su país y han cruzado las fronteras. La cuarta parte de ellos se quedaría en Colombia, en donde también empiezan a sentirse voces para que se cierre la entrada. Entró en vigor el lunes la nueva medida para remplazar la moneda y cobrar a precios internacionales la gasolina, excepto a quienes porten el carné de la Patria, esto es, los chavistas. Los problemas crecerán en una economía en la que apenas sí da oportunidad para la supervivencia a sus nacionales. El fracaso socialista aún no les cobra a sus responsables como debería, mientras que los que pagan son los ciudadanos de a pie.
El problema del pasaporte es difícil de entender para quienes no padecemos el yugo dictatorial que viven los venezolanos. La expedición de este documento que en cualquier lugar dura horas, o a lo sumo días, en ese país es asunto de meses, si lo logra, pues la falta de materiales impide que se pueda entregar a tiempo, además, es una forma del Gobierno controlar a su población. Por eso, seguramente la migración continuará como hasta ahora, pero con más razón se usarán canales ilegales, lo que agravará la situación.
La reconversión monetaria se inició esta semana con mucha incertidumbre, pues la mayoría duda de que la quitada de cinco ceros a la moneda, y de forma tan precipitada vaya a servir para reducir los índices inflacionarios, que el FMI calcula en un millón por ciento y que tiene confundidos a todos. De hecho, el anuncio de que el salario mínimo se aumentará en 35 veces tampoco consuela a nadie, pues en el pasado se han tomado medidas como esta, apenas paliativos para la crisis económica. Nada de una solución de fondo de los problemas.

La incertidumbre es total. El primer día de la reconversión fue tomado con cautela por los venezolanos que prefirieron no salir a las calles, expectantes de lo que pueda pasar durante esta semana. Cómo no recordar al poeta Eduardo Zalamea y su sueño de las Escalinatas: “…de Venezuela, humeante de petróleo y husmeante de pan”, pero nunca tanto como ahora. Y, lo peor, sin una luz al final del túnel chavista. ¿Hasta cuándo? La OEA convocó a una nueva sesión para hablar de ese país. ¿Será que al fin toma decisiones que sirvan?