El próximo 19 de junio el Reino Unido comenzará las negociaciones del Brexit con la Unión Europea (UE). Buscando llegar fortalecida, la primera ministra británica, Theresa May, llamó a elecciones generales anticipadas que se realizaron el pasado 8 de junio (estaban previstas para el 2020), pero los resultados le salieron contrarios, y aunque se podrá mantener en el poder ahora deberá emprender las discusiones con el resto de Europa desde una posición más debilitada. La situación ha sido aprovechada por sus opositores laboristas para exigirle que renuncie, por no estar en capacidad de representar plenamente a los británicos.
En ese país se respira hoy un aire de incertidumbre si se quiere más denso y caótico que el de junio del año pasado cuando se impuso el Brexit. Para poder formar gobierno May tuvo que buscar por fuera de los propios conservadores, y ahora depende del apoyo de los unionistas del norte de Irlanda para mantenerse en el poder, mientras que los laboristas tienen ahora más fuerza en el parlamento y podrán ejercer presiones mayores en el interior del Reino Unido, y forzar las discusiones con Europa en términos muy distintos a los que la primera ministra tenía en mente. El pasado 29 de marzo se activó el Artículo 50de los tratados de la UE, y ya están corriendo los dos años que hay de plazo para concretar las nuevas condiciones por fuera del bloque europeo.
May, de todos modos, tiene la misión de sacar adelante este proceso y tratar de mantener la posición férrea en el sentido de querer poner las condiciones de negociación, sobre todo para lanzar un mensaje interno de que no está derrotada y que tiene capacidades de maniobra para imponer sus criterios. Ahora bien, la realidad es que los líderes de la UE querrán acelerar el proceso y aprovechar la situación para que el Reino Unido salga sin obtener todo lo que se había propuesto, como simplemente tratar de mantener beneficios sin tener que cumplir compromisos ante el bloque, algo en lo que líderes como Ángela Merkel ha sido clara sobre todo lo que implica irse de la UE.
Sobre la mesa quedan planteados nuevos escenarios para los derechos de los ciudadanos británicos bajo el nuevo esquema de relaciones con Europa, también está la factura de salida, la jurisdicción de los tribunales, situación de la frontera irlandesa, los detalles de un periodo transitorio y el estatus a partir de la salida. May tendrá que liderar las negociaciones en medio de un escenario interno enrarecido, que podría agudizarse más si se mantienen los ataques del Estado Islámico tal y como ha ocurrido hasta ahora, y los británicos se dan cuenta que las políticas migratorias restrictivas no servirán de nada frente a un problema de seguridad que ha ganado tanta ventaja. En el interior mismo del Partido Conservador podrían surgir quienes piensen que es el momento en que May deba retirarse.
Hoy en el Reino Unido se vive una situación muy parecida a la española, en la que el presidente Rajoy se ha podido mantener en el poder sólo porque los demás movimientos también son incapaces de formar gobierno, incluso después de varios momentos electorales. Lo paradójico es que los resultados de las recientes elecciones generales también marcaron un fortalecimiento del bipartidismo británico. El panorama es tan complejo y caótico que incluso podría llegarse a la conclusión de que lo mejor sea llamar a una especie de refrendación popular del Brexit, en la que tal vez se dé marcha atrás a la intención de irse de la UE. Todo es posible en el Reino Unido de hoy.