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No podemos quejarnos en Manizales y Caldas con respecto a las posibilidades que tenemos para crecer y desarrollarnos, si nos comparamos con el resto de ciudades y regiones de Colombia. De acuerdo con la medición nacional más reciente en términos de competitividad, en la que se usaron datos del 2015 al 2017 siguiendo la metodología del Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, ocupamos el tercero y cuarto lugar, respectivamente. Eso evidencia que pese a limitaciones estructurales como la ubicación en zona de montaña que impide una fluida movilidad o el tamaño mismo del mercado, entre otros factores, contamos con condiciones suficientes para enfrentarnos a los desafíos de competir con éxito en un mundo globalizado de exigencias crecientes.
Hoy por hoy con un puntaje de 6,14 sobre 10, Manizales solo es superada por Bogotá y Medellín en materia de competitividad en Colombia, y por eso puede afirmarse con claridad que somos un lugar atrayente para quien quiera establecer negocios que no solo busquen satisfacer mercados locales, sino que tengan vocación exportadora. La medición para ciudades realizada por primera vez por el Consejo Privado de Competitividad (CPC) y el Centro de Pensamiento en Estrategias Competitivas de la Universidad del Rosario, reconfirmó que el ecosistema creado aquí en torno a la educación superior ha sido determinante para este logro, además del grado de diversificación y sofisticación alcanzado en diversas áreas de la producción, gracias a sinergias de la academia y el sector privado. De hecho, el estudio reúne 89 variables que son agrupadas en 10 dimensiones.
La buena cobertura y calidad de los servicios públicos, que no es nueva sino que es una característica de Manizales desde hace tiempo, también marca muy bien en los indicadores, y hay otra serie de aspectos en los que todavía puede hacerse mucho para consolidar la posición de vanguardia que tenemos e inclusive seguir escalando. Sin embargo, en lo que más debemos trabajar es en aspectos de sostenibilidad ambiental y en la mejora de condiciones para una educación básica y primaria de mejor nivel, lo mismo que en aspectos ligados a la prestación de salud, en lo que infortunadamente las políticas nacionales tienen gran responsabilidad. Avances en el transporte público con criterios de integración y uso de energías limpias podrían ayudar mucho a que la ciudad sea cada vez más competitiva.
Hay situaciones en las que Manizales ha trabajado con esmero desde hace décadas, relacionadas con la gestión del riesgo, por su topografía especial. Gracias a las obras de mitigación y programas de seguimiento al comportamiento de los terrenos en épocas de invierno, por ejemplo, no son frecuentes ahora las tragedias derivadas de lluvias que hace unos años eran demasiado recurrentes. Sin duda, episodios como los del 19 de abril del año pasado generan calificaciones negativas, pero también plantean desafíos para que la ciudad no desfallezca en sus políticas de prevención y logre consolidar su trabajo frente a fenómenos ligados al cambio climático.

Así, pues, si no fuera porque somos una ciudad pequeña en medio de montañas que en épocas de invierno tienden a generar deslizamientos, podríamos ser los primeros en competitividad en Colombia, como ya lo somos en el Índice de Progreso Social (IPS) que toca otros aspectos de calidad de vida y de bienestar de sus habitantes. Ahora bien, nuestra ubicación geográfica (que también tiene ventajas) no puede ser cambiada, como tampoco nuestro tamaño, por lo que se necesita es identificar con claridad las debilidades y trabajar con el propósito de volverlas fortalezas. Para Caldas, como departamento, también hay un camino por recorrer, más tomando en cuenta que en las mediciones anteriores éramos terceros y ahora cuartos. En esto, lo que puedan hacer los municipios para dar valor agregado y diversificación a sus dinámicas económicas es determinante, lo mismo que el impulso a la agroindustria.