Nuestro país está estrenando Código de Policía que es un catálogo de cómo debe ser el comportamiento de los ciudadanos y con el que se pretende que los colombianos seamos unos buenos vecinos. Desde que se expidió el código se dio un plazo de seis meses para que se hicieran todas las labores de divulgación y socialización de este; Sin embargo, al parecer la tarea no quedó bien hecha, porque el Presidente de la Republica, sin tener atribuciones para esto, dio un plazo adicional de otros seis meses para que quedara en vigencia.
Legalmente el nuevo Código de Policía está vigente desde el pasado mes de enero y era ansiosamente esperado porque entre otras, el que estaba vigente desde 1970 contemplaba multas totalmente irrisorias y además le faltaba establecer sanciones a malos comportamientos que anteriormente no se presentaban.
Con respecto a las sanciones, a la comunidad no le gusta que se le impongan, nada que genere más incomodidad que un parte de tránsito, donde lo normal es que el contraventor discuta y se incomode con el guarda que lo sanciona. Desde hace unos años se ha establecido que las sanciones se paguen en lo posible con cursos pedagógicos. Estos procesos de formación ciudadana que capacitan a la comunidad sobre cómo debe ser su comportamiento son bienvenidos, pero en muchas oportunidades hace falta la sanción pecuniaria. Los colombianos aprendimos a usar el cinturón de seguridad de los carros cuando nos tocó pagar multas por no usarlo.
Uno de los mayores problemas entre los vecinos es el del ruido, especialmente el generado por las fiestas familiares o sociales. Los colombianos estamos convencidos que una fiesta es buena dependiendo del volumen de la música, consideramos que a mayor volumen, mejor es la fiesta.
Un ejemplo de los problemas que se tienen con el ruido de las fiestas se da en el sector de Santagueda, considerado como un sitio ideal para descansar y disfrutar de la naturaleza; sin embargo, lamentablemente algunas casas de recreo son alquiladas para que allí se celebren todo tipo de reuniones, las que en la mayoría de oportunidades, se hacen utilizando equipos de sonido con alto volumen y que duran uno o varios días, impidiendo que los vecinos encuentren la paz y tranquilidad que fueron a buscar.
Hay mucha esperanza en que el Código de Policía ponga en cintura tanto a los propietarios que alquilan sus fincas para este tipo de actividades, como a los arrendatarios. De acuerdo al código, los sancionados son los que producen el ruido; es decir, los arrendatarios, por lo que los propietarios de las fincas no tendrían ningún problema, pero si pueden llegar a tener dificultades si se les comprueba que están alquilando una propiedad con fines turísticos sin que estén debidamente inscritos como prestadores de servicios turísticos, lo que sucede con la mayoría de las fincas que se alquilan en Santagueda.
El Código de Policía contempla una serie de sanciones onerosas para muchos malos comportamientos; sin embargo, se están teniendo dificultades para su implementación, ya se han dado casos de ciudades donde se permite el consumo de licor en las vías públicas –lo que está claramente prohibido en el código- cuando se celebran las festividades tradicionales, porque según dicen las autoridades de esos municipios, las personas están acostumbradas a consumir licor en los espacios públicos durante esos días.
El código está vigente y hay que acatarlo, así tenga contempladas normas que no sean del gusto de determinadas personas. Otra complicación que se enfrenta es la característica que tenemos los colombianos de ser evasores. Solo el 15% de los contraventores de las normas de tránsito, pagan sus sanciones. Lo que es un absurdo. El país no ha sido capaz de establecer una norma clara y efectiva para cobrar las multas que se imponen.
Muy importante el Código de Policía y muy importante que se sancionen los contraventores, pero también muy importante que los sancionados paguen sus multas, de lo contrario el tan cacareado y esperado Código de Policía, terminará siendo el rey de burlas.