De manera unánime, como casi nunca ocurre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la segunda misión especial de ese organismo para que venga a Colombia a ayudar a consolidar los acuerdos de paz. Después de dicha determinación, el secretario general, António Guterres, manifestó que el proceso de reintegración de los miembros de las Farc será crítico para consolidar la paz en el país. Por la seriedad e imparcialidad de las Naciones Unidas (ONU) dicho acompañamiento es garantía de que las partes involucradas cumplirán con lo pactado.
El prestigio de ese organismo ayudará a seguir generando confianza en la implementación del proceso y a que la construcción de una paz estable y duradera sea real. Esta segunda misión comenzará actividades el 26 de septiembre próximo, una vez que la primera misión, de verificación del cese al fuego y dejación de armas, complete su trabajo. Las responsabilidades de este segundo grupo de veedores será hacerle seguimiento a la reincorporación de los exguerrilleros y la implementación de las garantías de seguridad para ellos y para las comunidades afectadas por el conflicto.
Esta nueva tarea es fundamental, ya que habrá que blindar el proceso de la violencia en contra de quienes abandonan las armas, como infortunadamente se ha dado en el pasado. Además, es de importancia capital el acompañamiento a las comunidades que más han sufrido con la guerra, donde los gérmenes de la violencia siguen vivos en buena cantidad. Solo evitando que prospere el discurso del odio y cerrando espacios a la aparición de nuevos grupos armados ilegales será posible empezar a construir un mejor futuro para el país. Lo más difícil será consolidar la paz, y en eso la ayuda de la ONU será vital.
Esta presencia también es importante para frenar la racha de asesinatos de líderes sociales, reclamantes de tierra y voceros campesinos, quienes han perdido la vida sin poderse establecer con exactitud los autores. El hecho de que la segunda misión tenga proyectada una permanencia de tres años (inicialmente por 12 meses), tiene que servir para que también se avance en el esclarecimiento de la verdad sobre el conflicto armado, y con ello evitar el riesgo de repetir la historia.
Si el acompañamiento de la comunidad internacional fue importante durante los diálogos y la firma de los acuerdos con las Farc, será todavía más importante en la larga etapa que viene, en la que se seguirán experimentando tensiones en el interior del país frente a temas tan claves como la implementación de la reforma agraria integral y la erradicación de los cultivos ilícitos. Ante este último asunto es importante anotar las duras advertencias de la misma ONU por el crecimiento que en dicha materia se dio durante el 2016. Así se demuestra la transparencia y equilibrio de ese organismo frente a Colombia y la urgencia de que el Gobierno se enfoque en seguir luchando contra esos cultivos en toda la geografía nacional.
La decisión de la ONU evidencia que desde afuera tienen claro que el momento actual de Colombia no es el fin sino apenas el comienzo de una larga tarea de construcción de paz en la que cada uno de los habitantes de este país debe aportar su grano de arena. Así como habrá que exigirles a las Farc que se mantengan sin armas y que no delincan más, el resto del país deberá ayudar a que su reintegración sea positiva, productiva, que sintonice con los objetivos de crecimiento y desarrollo como nación.