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Los primeros días como rector de la Universidad de Caldas no han sido fáciles para el médico veterinario Alejandro Ceballos Márquez. El pasado lunes vivió una odisea para poder posesionarse, ante las protestas de un grupo de estudiantes en el escenario previsto para el acto. Durante toda la semana el directivo ha tenido que enfocar sus energías a tratar de hallar acuerdos con quienes no lo quieren al frente del Alma Máter, y así poder comenzar su trabajo de liderar el desarrollo de la institución para el periodo en que fue elegido, del 2018 al 2022.

Un sector de alumnos de la universidad hubiera querido que el Consejo Superior se basara únicamente en el resultado de las consultas, y en el orden en que quedaron las preferencias, para tomar la decisión y elegir al nuevo rector, pero es claro que de los tres candidatos más votados, de ocho que se presentaron, cualquiera podía ser el favorecido por el Consejo, esas son las reglas establecidas.

Los estudiantes, los docentes y los egresados votaron de manera libre y democrática y con su participación señalaron a los finalistas que presentaron sus propuestas al Consejo Superior. La terna elegida se consideró en condiciones de igualdad, sin que las votaciones que servían de filtro tuvieran algún peso para la decisión. Si así no fuera ningún sentido tendría hablar de ternas, sino que el más votado sería el rector de manera directa, y eso no es lo que dicen los estatutos de la Universidad.

Lo que debería pasar en la institución es que al nuevo rector se le deje ejercer el cargo y que empiece a mostrar gestión positiva para el centro educativo. Mantener la actitud de bloquear el trabajo que se comprometió a desarrollar por la presunción falsa de que va a privatizar la Universidad de Caldas es entorpecer el camino del crecimiento institucional y perjudicar a toda la comunidad universitaria. Cuando el directivo dice que fomentará la venta de servicios al sector productivo lo único que está señalando es que la investigación aplicada debe ser protagonista, que lo que hagan los estudiantes y docentes debe servirle a los empresarios para desarrollar productos y servicios, que incluso generen empleo para los egresados de la universidad.

En la asamblea de estudiantes que se tendrá hoy esperamos que haya un diálogo claro y respetuoso del que salga ganadora la comunidad universitaria en general. Hay que ubicarse en la realidad del momento y ver que ante un déficit cercano a los $12 mil millones, que no para de incrementarse, lo que hay que impulsar son ideas creativas para generar recursos. Las opciones no pueden limitarse a poner la ponchera a ver qué cae desde el menguado presupuesto del Gobierno Nacional, sino que es fundamental darle más fuerza a la consecución de recursos propios que puedan ser reinvertidos en las tareas investigativas que generen esos mismos recursos, y crear un círculo virtuoso que posicione cada vez mejor a la Universidad de Caldas.

El Alma Máter, que acaba de cumplir sus 75 años, no puede quedarse estancada en una discusión sin sentido que no ofrezca alternativas realistas ante los desafíos de futuro. Contrario a bloquear, lo que se necesita es despejar el camino y ayudar a empujar para que la institución salga adelante y sea orgullo permanente y cada vez más importante para los caldenses.