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El hecho de haber tenido solo un homicidio durante el año pasado hizo pensar que en el barrio Solferino de Manizales las cosas habían cambiado y que se estaba convirtiendo en ejemplo de superación de la violencia. Tal visión idealista tuvo un brusco aterrizaje durante el arranque de este 2018, cuando en menos de una semana ocurrieron tres asesinatos en ese sector del norte de la ciudad. En un caso en el que murieron dos personas, el supuesto agresor, un menor de edad, se entregó a las autoridades y argumentó que quería vengarse de uno de los fallecidos. Se analiza si hay posibles conexiones de este caso con el homicidio registrado en el mismo barrio el pasado domingo.
De acuerdo con los reportes oficiales, la ola más violenta en Solferino desde el año 2000 se produjo en el 2015, cuando se registraron 7 homicidios allí. Esta racha de violencia se atribuyó a la guerra entre combos, por intereses territoriales relacionados con el microtráfico, con el que surgieron las llamadas fronteras invisibles. Frente a esto se ejecutó una tarea coordinada de las autoridades para neutralizar esas acciones, lo que ayudó a obtener resultados positivos durante el 2016 y el 2017, pero a la luz de lo ocurrido este mes, el remedio no ha sido definitivo y se necesita ir más allá de la simple presencia policial.
Los programas que impulsa la Secretaría de Gobierno de Manizales parece que se quedan cortos ante la necesidad de erradicar tales problemas. A la presencia de los agentes de la Policía y a esporádicas actividades con los jóvenes que conforman los combos hay que agregar más ingredientes de orden social que fortalezcan la comunidad, que restablezcan la confianza en el Estado y que apunten a que los menores de edad crezcan en un ambiente lejano de las mafias y de las organizaciones delincuenciales que los usan para sus intereses. La única manera de dejar atrás ese pasado de violencia es persistir en estrategias que brinden un futuro con más oportunidades para la gente.
Es triste ver que esto ocurra cuando se viene logrando un descenso significativo en los homicidios desde hace 15 años. De hecho, al cierre del 2017 se reportó que fue el año con menos violencia en por lo menos cuatro décadas en Colombia, y en el contexto general dicha tendencia parece mantenerse. En el caso de Solferino se experimenta un preocupante retroceso. Es fundamental que se haga un completo diagnóstico de las causas que siguen arrastrando a la comunidad de ese barrio a la violencia y ejecutar un proyecto de gran impacto que no solo frene los crímenes, sino que fomente una convivencia pacífica que sea modelo para otras comunidades conflictivas.
En nuestra sociedad hay una especie de infección de violencia que debe atacarse no solo con la Fuerza Pública, sino con herramientas de prevención con bases en la educación y la cultura, además de oportunidades laborales para la gente. Con la experiencia de municipios que fueron violentos en el pasado y que no reportan homicidios desde hace meses, se demuestra que es posible lograr una buena convivencia. Aquí no tenemos, por fortuna, la presencia directa de bandas criminales o casos de asesinatos de líderes sociales, como ocurre en otras regiones, por lo que debería ser más fácil neutralizar a quienes tratan de perpetuar el lenguaje violento.

Cada uno de nosotros nos debemos esforzar para ser más tolerantes, mantener la calma en momentos de conflicto, aprender a respetar más a los otros, a no discriminar y actuar siempre de manera pacífica. No vale la pena dejar que se desboque la ira cuando hay incomprensión en las familias, no debemos ceder a los odios heredados, a los ánimos de venganza. Hay que esforzarse más en evadir situaciones que puedan ser chispa que encienda la llama malsana de la violencia.