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El Primer Foro Mundial de Productores de Café que se realiza a partir de hoy en Medellín servirá para celebrar los 90 años de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. Si bien la fecha oficial de la fundación de la institución en la capital antioqueña fue el 27 de junio de 1927, sus dirigentes cuadraron la agenda esta semana para reunirse con cerca de 800 delegados de países de África, Asia y América que cultivan el café. También se harán presentes representantes de organizaciones públicas y privadas y de la industria cafetera de Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Gran Bretaña y Asia. Inclusive se espera que asistan los presidentes de Togo y Brasil, así como el expresidente de los Estados Unidos Bill Clinton.
Roberto Vélez Vallejo, el gerente general número 11 de la Federación en toda su historia, liderará simultáneamente la realización del Congreso Nacional Extraordinario, en el que se espera tomar decisiones importantes alrededor de la caficultura colombiana y de la modernización de los Estatutos de la institución. Aunque hoy esta actividad agrícola atraviesa circunstancias más favorables que las de finales de la década pasada, aún se tienen muchos aspectos en los cuales es fundamental trazar nuevos rumbos si se quiere garantizar una mayor productividad y competitividad del sector.
Los temas globales en torno al mercado del café serán protagonistas, así como los retos de la sostenibilidad ambiental, social y económica, la volatilidad de los precios del grano, el relevo generacional y, en general, todo lo inherente a la cadena del café desde la siembra hasta el consumo de la bebida. En esto nuestros productores tendrán posibilidad de conocer de primera mano cómo funciona la actividad en los países que son competencia en el mercado y observar ejemplos para lograr mejores resultados tomando en cuenta elementos de valor agregado y de innovación que pueden posicionar mejor nuestro producto en el mundo.
Después de nueve décadas en las que no han faltado los altibajos y los momentos amargos, es vital hacer una reflexión en la que se reconozca el papel de la Federación en el desarrollo de Colombia. Sus aportes han sido significativos en el impulso a obras de infraestructura, vivienda campesina, programas de educación rural y en el impulso al desarrollo humano, en general. Por ser una actividad predominantemente ejecutada por familias en pequeñas parcelas también ha sido un motor de equidad, y el modelo de la Federación es ejemplo mundial de cómo trabajar organizadamente en búsqueda de bienestar general. 
Después de llegar en el 2009 al peor nivel de producción en décadas, el sector tiene el propósito de alcanzar los 20 millones de sacos en el 2020, y todo indica que con un trabajo juicioso como el que se viene haciendo, y con la ayuda del Gobierno Nacional, tal meta sí es posible. La actual cotización del dólar, el precio del café en la Bolsa de Nueva York y los buenos niveles de cosecha (aunque este año el clima no ha ayudado para mantener el crecimiento) llevan a pensar que el sector podrá recuperarse de los golpes del pasado y seguir generando riqueza. El gran reto en la próxima década para Colombia es seguir conquistando nuevos segmentos del mercado y elevar los márgenes de rentabilidad. El camino del fomento de los cafés especiales es una alternativa valiosa para dicho propósito.

Al mirar hacia el horizonte del primer siglo de la caficultura colombiana la actual dirigencia viene generando la confianza para ser optimistas. Los desafíos son mayúsculos, sin duda, y las amenazas y riesgos no son de poca monta, pero hay un cúmulo de aprendizajes que deben ser aprovechados para seguir siendo protagonistas en el mundo, no solo por el producto en sí mismo, sino por la atracción turística que ha ido tomando forma en Colombia con la declaratoria de la Unesco del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio inmaterial de la humanidad.