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Mayo de 1968 es una fecha mítica que marcó la historia de la segunda mitad del Siglo XX y que puso en primer plano a la juventud como actor social fundamental para impulsar cambios de impacto para la humanidad. Como consecuencia de la crisis social y económica en la que quedó Europa después de la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes franceses sufrieron de manera directa el creciente desempleo y vieron cómo en diversos puntos de la economía y el bienestar de su país se generaban problemas que les cerraban posibilidades para su futuro. Además, ya había un cansancio en la sociedad francesa por la presencia de una década en el poder del también mítico y héroe de guerra general Charles de Gaulle, quien al final de una larga cadena de protestas desde finales de abril de ese año tuvo que introducir cambios profundos en el Estado para pacificar el país.
Lo ocurrido en Francia en ese momento, liderado por estudiantes, terminó influyendo a los jóvenes en el resto del mundo e introdujo profundas críticas a lo que sucedía en Europa, por ejemplo, con las colonias en Asia y África, y a la guerra del Vietnam. Además le dio un realce especial a los discursos a favor de las libertades y los derechos humanos en general. Desde luego que también fue inspiración para que las ideas de izquierda se reforzaran durante las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado en América Latina, además de su influjo en la cultura, en la lucha por el pluralismo político y en los deseos de transformación social. Lemas como “prohibido prohibir” dejaron huella.
Gracias a ese movimiento estudiantil francés hace 50 años el 27 de mayo se llegó a la firma de los “acuerdos de Grenelle” en los que se establecieron cambios sustantivos en materia económica y social que no solo beneficiaron a los jóvenes estudiantes sino también a los obreros que se unieron a las protestas. Además, a finales de mayo y comienzos de junio del 68 De Gaulle determinó disolver el parlamento y adelantar las elecciones legislativas, al comprender que el escenario político había cambiado y que era necesario interpretar las nuevas realidades para mantener la gobernabilidad del país, aunque con el propósito de no dar el brazo a torcer a la izquierda.
Se están cumpliendo, entonces, cinco décadas de una gran rebeldía que llevó a que la política cambiara en el país que siempre ha liderado las principales transformaciones de pensamiento en Europa y en el mundo occidental. La utopía por la que luchaban los universitarios de la época tuvo su momento de esplendor, con tal fuerza, que su aureola mítica permanece en el ambiente y sigue siendo referente para quienes luchan por impulsar cambios profundos en las sociedades. Desde luego que el ideal hoy es profundizar de tal manera la democracia y permitir con tal profundidad la diversidad de pensamientos y expresiones, que el diálogo social siempre esté por encima de las vías de hecho. Eso es algo en lo que las sociedades civilizadas tienen que seguir trabajando, así dicha opción sea considerada por muchos una nueva utopía.

Nada volvió a ser igual después del Mayo Francés, y por eso hoy es justo rememorar esa fecha con todo lo bueno y malo que pudo dejarle al mundo. Puede decirse que el auge del discurso de protección del medioambiente, del feminismo, de la libertad sexual, del antibelicismo, de la educación igualitaria y de la lucha contra el racismo, entre otros, tuvo su semilla principal en este movimiento, que transformó ideas y valores morales.