De la paz total, solo cenizas quedan
Qué lástima que un país con tantos problemas de ética, no les dé razones a las nuevas generaciones para esforzarse en construir sus planes de vida.
Detener la suspensión de las órdenes de captura contra 16 delincuentes que hacían parte de un proceso de negociación del Gobierno nacional con bandas criminales y tomar esta decisión forzados porque los escándalos superaron todo límite y no por los cientos de razones que han expuesto durante la última semana penalistas, políticos, gobernantes regionales y analistas, es una demostración más de que nunca hubo estrategia para la paz total y tan solo era una buena marca para colgársela a cualquier búsqueda de votos.
Cuando nos aproximamos a cumplir 10 años de la paz con las Farc resulta una lástima que este Gobierno en su ego no haya sido capaz de aprender de los errores y aciertos de entonces, y en lugar de seguir el camino que allí se trazó, hubiera querido inventar la rueda abriendo cantidad de frentes de conversación que han ido fracasando uno detrás del otro, mientras que los negocios ilegales se expanden, la seguridad en las regiones entra en crisis, los representantes de las conversaciones dan bandazos y actúan de maneras non sanctas.
Y decimos que es una lástima, porque se creía que a este Gobierno podía irle mal en muchas cosas, pero no en un tema que tiene todo que ver con quien lo lidera y con quien busca hoy seguir sus pasos en la Casa de Nariño, un exguerrillero, un personaje que podía entender a quienes están sentados al otro lado de la mesa: los delincuentes. La paz es una obligación para cualquier presidente y debe buscarla, pero se tiene que entender que para lograrla no se pueden sacrificar las instituciones y que es imposible lograrla de verdad si se busca que sea a toda costa.
La fiesta, en la llamada justamente cárcel de La Paz en Itagüí, demuestra que los delincuentes, de arrepentimiento pocón pocón, y que muchos de estos capos lo que buscan es poderse gastar su dinero mal habido sin consecuencias. Qué lástima que un país con tantos problemas de ética, no les dé razones a las nuevas generaciones para esforzarse en construir sus planes de vida, sino que premie a quienes solo han pensado en enriquecerse tomando el camino de la delincuencia. El 2025 se proyecta como el año de peores indicadores humanitarios en una década, un pésimo cierre para este Gobierno.
No hay paz con el Eln, que parece muy afecto a personajes de este Gobierno; ni con las disidencias de las Farc, ni con las bandas en Buenaventura, Antioquia o Chocó, ni con el clan del Golfo ni con nadie, mientras la retórica gubernamental sigue estancada en el espejo retrovisor y en la lucha de clases. Cuatro años en el poder y no entendieron la realidad que viven los ciudadanos. Y a todo esto hay que sumar que en el alto gobierno se ofrezcan prebendas al mayor contrabandista del país a través de la Dirección Nacional de Inteligencia, que se reunió con alias Papá Pitufo para buscar premiarlo también sin contar con la Fiscalía, lo que nos muestran el desdén de este Gobierno por las instituciones. Ya deberían dar por fracasada su paz total y reconocerlo sería honesto.