Quintin Lame (centro) detenido por la policía colombiana, junto a sus compañeros indígenas de lucha por liderar un levantamiento rebelde agrícola en El Cofre, Cauca, en 1915.
Dos defensores de los derechos de un pueblo
Alfredo Cardona Tobón*
Los españoles explotaron a los indígenas en los resguardos y obrajes, y los descendientes de los europeos continuaron haciéndolo en las minas y en las grandes haciendas.
Los Valencia, Mosquera, Rengifo, Chaux y Eder fueron los grandes propietarios de tierras en el Valle y en El Cauca; mientras los Restrepo, Londoño, Mejía y Marulanda lo fueron en la zona paisa, y los Lleras, Ospina y Pombo tenían el poder y las oportunidades en la Sabana de Bogotá.
Con esos y otros apellidos se conformaron los clanes que perpetuán el dominio de clases en Colombia remplazados en parte y en las últimas décadas por capos regionales y por los políticos que controlan los partidos.
La historia es como un río
En la república se prolongaron las consecuencias de las mercedes reales y se multiplicaron los colonos u hombres sin medios materiales, que por entre las selvas libraron una lucha desigual contra el papel sellado, los alcabaleros, alcaldes e inspectores aliados de los latifundistas para hacerse a un rancho o un pedazo de tierra.
El deslinde de la colonia con la república fue tardío, apareció con los mestizos y la generación de los radicales liberales que rompieron las amarras económicas, sociales y culturales heredadas del imperialismo español.
Al finalizar la época colonial y en medio de la pobreza, surgieron líderes como José Antonio Galán que trataron de levantar las banderas de las reivindicaciones sociales, pero fueron traicionados y el pueblo continuó como carne de cañón de los latifundistas y los militares que sumieron al país en una interminable guerra fratricida. Los indígenas fueron meros espectadores hasta que a principios del siglo XX surgió Manuel Quintín Lame en el sur de Colombia, considerado por unos como un indio alborotador y sedicioso, y por otros como el líder que reivindicó los intereses y derechos de los indígenas.
Que los pobladores originarios reclamen sus tierras y exijan respeto se considera justo en el siglo XXI, pero fue inadmisible antes de aparecer Quintín Lame, un nativo que despertó los indígenas arreados por los terrazgueros y manejados por los clérigos.
Manuel Quintín Lame fue un símbolo, un líder que despertó a los nativos que al fin se dieron cuenta de que habían luchado por causas que no eran suyas sin interesarles los conflictos que agobiaban sus comunidades. Quintín vio en la ley el medio para defender los derechos de su pueblo y aprovechó los códigos para recuperar lo arrebatado durante siglos.
Los latifundistas y terratenientes consideraron al joven indígena como una amenaza para sus intereses y quisieron neutralizarlo con amenazas y luego con persecución y violencia, pero no pudieron quebrantarlo.
El ideario de Manuel Quintín comprendió la recuperación de las tierras, habló de la República Chiquita autónoma pero no soberana y buscó que los indígenas llevaran a las corporaciones representantes de su propia gente. Quintín Lame sufrió en carne propia todos los atropellos: Una hermana violada, hermanos asesinados, explotación y persecución y más de cien detenciones entre simples arrestos hasta largos años tras las rejas. A Quintín se le prohibió circular por el territorio patrio, se le acusó de vago, sedicioso, instigador y sospechoso de cuanto crimen se cometió en los resguardos indígenas.
El doctor Quintino, como lo llamaron los suyos, fue una autoridad en leyes, con base en ellas litigó y llevó a las altas cortes los atropellos contra su gente, fue un autodidacta rodeado de “secretarios” que llevaron sus mensajes a las parcialidades. Afirmaba que la independencia fue un engaño para el pueblo raso pues Bolívar lo había dejado en manos de los explotadores.
En julio de 1916 centenares de indígenas bajo el mando de Quintín Lame se tomaron la población de Paniquitá en el sur del país y dos meses más tarde con 1.500 nativos entró al pueblo de Inzá y ordenó ocupar las tierras del municipio conminando a los mestizos y blancos a desocuparlas. Fuerzas del Estado atacaron a los invasores con un saldo de cinco muertos y catorce heridos entre los nativos. En 1917 las autoridades fueron tras el doctor Quintino mientras los jefes liberales trataban de atraerlo con la promesa de un reglón en la Asamblea, pero Lame no se plegó a los partidos, decía que los conservadores lo perseguían en forma ordinaria y los liberales en forma extraordinaria y que no le temía al hambre, a la desnudez, al riesgo, a la bala y el cuchillo, pues su coraje se desprendía del profundo orgullo de sentirse adalid de los débiles.
Ha pasado un siglo y revive la memoria de Manuel Quintín Lame cuya historia es como un río que retorna a su cauce, vemos a los indígenas en nuevos escenarios y a la senadora Aydé Quilcué, defendiendo los derechos de los nativos arropando también a los campesinos sin tierra. La voz de Quintin Lame se amplifica y terminará por sacudir sectores dormidos del pueblo colombiano.
Aída Quincué recoge las banderas del pueblo Nasa postulándose vicepresidente de Colombia para las elecciones del año 2026. Esta valiosa mujer nacida en 1973 en el Cauca perdió su esposo en un retén militar, pese lo cual continuó luchando por los suyos y representó a Colombia en comisiones de la ONU donde se reconoció su valioso aporte por la paz.
Quintín y Aída Quincué han optado por la paz en un país polarizado donde en vastos sectores se cree que no hay camino distinto al de la fuerza. Desde su juventud Aída Quincué ha estado involucrada en procesos comunitarios y ha sido figura destacada en la lucha a favor de las comunidades indígenas.
*Historiador.
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