10 Abr, 2026

Igualdad en la felicidad

La lectura nos protege de los poderosos al hacernos más analíticos y críticos: es una forma de autoeducarnos. 

El señor Colt inventó el revolver y un periodista escribió: Dios hizo desiguales en la pelea a los hombres, pero Colt, en ello, los ha convertido en iguales. Mister Viagra, en cuanto al poderío sexual, acabó con las diferencias entre viejos y jóvenes. En la antigüedad se valoraban los corredores veloces; hoy el automóvil nos ha uniformado en esa materia.
Ejemplos que sirven para afirmar que la igualdad, como la analizan políticos y economistas, no solo debe predicarse desde el punto de vista de los ingresos o los patrimonios. Hay valores que van más allá, y si se pudieran gestionar, quizás se conseguiría más de lo simplemente monetario. Pienso en un caso especial, y es el de la posibilidad de la igualdad en la felicidad. Y afirmo que algo se puede lograr mediante la lectura.
Según la neurociencia, la lectura sostenida mejora el cerebro, no solo físicamente, sino en cuanto a sus funciones. Comprensión, empatía, solución de problemas, nuevas conexiones, neuronas en actividad especial, concentración, reflexión. Las palabras se entienden y además sienten. Leer no nos hace iguales en inteligencia, pero al realizarlo de manera constate se acortan distancias entre los más y los menos inteligentes.
Leer proporciona, para todos por igual, las alegrías de viajar. Cada libro bien escogido y bien leído, será como un navegar por entre narraciones, ideas, experiencias e imaginaciones del escritor. Pendientes estaremos de los detalles; y olvidados de las penurias y exigencias del mundo exterior; abiertos a las sorpresas y a la espera de la llegada final, puerto de las delicias en donde desembarcaremos más humanos y más experimentados.
La lectura nos protege de los poderosos al hacernos más analíticos y críticos: es una forma de autoeducarnos. Leer y conocer más es empoderarse y gozar de más autonomía. Si la libertad es prerrequisito para la felicidad, al leer vamos consiguiendo más libertad. Buena lectura es paz que permite ir abriendo puertas hacia elevados escalones y más logros.
Leí que leer es un acto de amor. Una de las acepciones de esta palabra es el “sentimiento de afecto, inclinación o entrega a algo.” Si nuestra vida es tiempo, la mayor prueba de amor es entregarle nuestro tiempo a determinada persona o actividad. Leer es ofrendar vida y devoción al libro.
Los efectos de la lectura son parecidos a los del amor. Concentración, entrega, satisfacción emocional. Ambos dominan al tirano tiempo. Incluso la química cerebral es parecida. Son una amable compañía, libro y lector, los dos, íntimos que igualan en felicidad a ricos y a pobres.
Para conseguir esta posibilidad, propongo que se subsidie la adquisición de libros. Incluso que se obligue al Ministerio de Cultura a enviar gratuitamente cualquier título que se le solicite. Servicio como el de la salud y para la felicidad.
Borges aseguró: “que otros se jacten de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he leído.” Vale, porque esto lo escogemos, lo incorporamos, lo llevamos, nos mejora. Y es algo asequible y democrático, muy igualador en materia de la felicidad.

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