La vocación de Juan Sebastián Montoya Arango nació en una infancia rodeada de animales y marcada por el ejemplo de su padre en el entrenamiento canino y el voluntariado.
Hoy es biólogo, estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Caldas y entrenador canino enfocado en asistencia para personas en condición discapacidad.
“Son seres que no juzgan, que siempre están dispuestos a dar afecto”, afirma sobre los perros, a quienes ve como una herramienta para mejorar la vida de las personas.
Su formación se fortaleció en España, donde se especializó durante nueve meses con la Fundación Bocalán. Allí aprendió a entrenar perros no solo con comandos, sino también en su comportamiento en espacios cotidianos como aeropuertos, hospitales o el transporte público, entendiendo que deben actuar como una extensión del usuario. Asimismo, realizó un voluntariado en Miami, en el Hialeah Shores Nursing & Rehabilitation Center.

Juan Sebastián, mientras abraza a Mandarina, resalta: “Los perros leen cómo nos sentimos, por lo que el entrenador debe aprender a manejar sus propias emociones”.
Tras regresar a Colombia en el 2019, retomó sus estudios, pero la pandemia frenó sus proyectos. En ese proceso también enfrentó la pérdida de Tamara, su perra de asistencia durante 12 años. “Cuando muere un perro de asistencia, es como si la tarjeta de presentación de un entrenador desapareciera”, explica. Este duelo lo llevó a pausar el entrenamiento por un tiempo.

No todos los perros son aptos para este rol. La selección depende de la discapacidad del usuario y de pruebas de comportamiento. Razas como el golden retriever o el labrador suelen destacarse por su equilibrio y capacidad de adaptación.
Hoy retoma ese camino con Mandarina, una golden retriever que apenas inicia su formación. Actualmente trabaja en su adaptación al uso de silla de ruedas, enseñándole a familiarizarse con este elemento y a desarrollar habilidades básicas desde allí.

El primer paso ha sido ayudar a Mandarina a familiarizarse con la silla de ruedas, que puede resultar extraña. Posteriormente, se trabaja la obediencia desde esta condición, para que la perra asocie la silla con el entrenamiento y pueda asistir a una persona, incluso empujándola si es necesario.
El entrenamiento, explica, se basa en el refuerzo positivo y en la lectura del lenguaje corporal del perro. Se utilizan motivadores como alimento, juego o caricias, con el objetivo de que el animal llegue a trabajar por gusto propio.
El proceso puede durar entre seis meses y un año y medio, incluyendo una etapa clave llamada empalme, donde el perro y el usuario construyen su vínculo.

Juan Sebastián Montoya, en su voluntariado, junto a su padre, Juan Carlos Montoya, quien lo inspiró a seguir sus pasos; la labradora Matilda, y la paciente Bilma.
Actualmente, Juan Sebastián no ofrece procesos directos con Mandarina, pero sí brinda asesoría a personas interesadas en tener un perro de asistencia. Acompaña desde la selección del animal hasta la estructuración del plan de entrenamiento.
Contacto
Las personas interesadas pueden contactarlo a través de su emprendimiento Kawanpet, mediante su página web kawanpet.com, su cuenta de Instagram Kawanpet o el número de contacto institucional 313 727 4069, con el que ofrece servicios para mascotas y orientación en estos procesos.

Durante su voluntariado en Miami, en el Hialeah Shores Nursing & Rehabilitation Center, estuvo acompañado por los perros dóberman Ammo, Fénix y Ace y la labradora Matilda.
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