Los estudiantes de la institución educativa Miracampos de Quinchía (Risaralda) ven como el café les brinda nuevas oportunidades dentro y fuera del aula.
Tanto los estudiantes como los docentes y la parte directiva de la institución, están encontrando en el café no solo un aprendizaje académico, sino una oportunidad de vida.
El producto que siembran, cosechan y preparan en su colegio les abrió las puertas de la Expo Eje Café, un lugar donde compartieron escenario con grandes productores de la región y del país.
Sembrando futuro
Así lo cuenta la rectora Andrea Paola Martínez, quien lidera un proceso pedagógico que integra la formación agroindustrial con el arraigo al territorio.
“La institución educativa ya viene, desde hace unos años, trabajando con el Comité de Cafeteros en procesos agroindustriales, inicialmente a pequeña escala”, explicó.
El proyecto comenzó después de la pandemia, con una tostadora de muestras y una parcela con cerca de 300 árboles de café, cultivados por los propios estudiantes.
La rectora destacó que la mayoría de los alumnos son hijos de familias caficultoras, por lo que la iniciativa busca fortalecer ese vínculo: “La idea es que ellos aporten y mejoren las prácticas en casa, pero también que nosotros nos enriquezcamos con la experiencia de los padres de familia, trabajando desde un empalme generacional”.
El proceso productivo lo realizan paso a paso: desde la recolección de cerezas maduras, selección, flotación, fermentación en canecas selladas durante 48 horas, hasta el secado del grano. Ese mismo café es hoy comercializado por los estudiantes.
Un impulso clave llegó gracias a una alianza con la Gobernación de Risaralda y el Comité de Cafeteros, que permitió una inversión cercana a los $20 millones.
“Pudimos adquirir métodos de preparación, filtros y otros elementos para fortalecer esta línea, porque los niños ya mostraban mucho interés”, señaló Martínez.

Cosechando entusiasmo
Actualmente, el proyecto avanza con capacitaciones del SENA en preparación de bebidas y se articula incluso con otras áreas académicas, como el aprendizaje de idiomas.
“La idea es que los estudiantes puedan socializar estos saberes en otros espacios y también en otros idiomas, como el francés”, agregó.
Además, se están incorporando procesos de fermentación controlada y la construcción de camas africanas para el secado, con el fin de mejorar el perfil de taza del café. También se proyecta la llegada de una tostadora que permitiría ofrecer servicio de maquila a la comunidad.
“Queremos que los estudiantes se capaciten y regresen a su territorio a mejorar su calidad de vida desde sus fincas o microempresas”, afirmó la rectora, al señalar que uno de los principales retos es evitar la migración de los jóvenes del campo hacia las ciudades.
El proceso ya ha tenido visibilidad en escenarios como Expo Eje Café, donde los estudiantes pudieron dimensionar el potencial de su producto.
“Se dieron cuenta del universo tan grande que es el café y de todas las oportunidades que existen”, dijo.

Creer en el territorio
Desde la voz estudiantil, el impacto también es evidente. Emilio Betancort Castañeda, alumno de la institución, resumió así su experiencia.
“Antes el café era solo algo de todos los días. Hoy entiendo que el café no es solo un cultivo, es identidad, es cultura, es una oportunidad. Aprendí a valorar su calidad, su origen y todo el proceso que hay para que llegue a una taza”.
El joven agregó que el proyecto le ha permitido proyectarse a futuro desde su terruño.
“No solo veo café, veo historia, esfuerzo y un camino. Somos muchos los jóvenes que estamos aprendiendo a creer en nuestro territorio”.
Haga clic aquí y encuentre más información de LA PATRIA. Síganos en Facebook, Instagram, YouTube, X, Spotify, TikTok y en nuestro canal de WhatsApp, para que reciba noticias de última hora y más contenidos