La reciente selección de los “40 arquitectos menores de 40” de la arquitectura colombiana, liderada por la Sociedad Colombiana de Arquitectos, puso en el radar a una generación emergente y evidenció la amplitud de enfoques desde los que hoy se piensa y se ejerce la disciplina.
El proceso, según el informe del comité curatorial, partió de la revisión rigurosa de 175 postulaciones en las que se analizaron hojas de vida, portafolios y reflexiones sobre la práctica profesional.
Más que premiar trayectorias individuales, la convocatoria buscó visibilizar un trabajo muchas veces silencioso, pero decisivo en la transformación de los territorios.
Los criterios de selección dejaron ver un campo en expansión: arquitectos que diseñan edificios, pero que también investigan, enseñan, gestionan proyectos sociales y experimentan con nuevas tecnologías.
Se destacó la diversidad de prácticas, desde el diseño arquitectónico hasta la docencia y la investigación, así como el compromiso ético con comunidades y contextos complejos del país.
El resultado es una radiografía de una generación que entiende la arquitectura como un ejercicio abierto, interdisciplinario y profundamente ligado a lo social.
En ese panorama, cuatro nombres conectan este reconocimiento con Manizales: Laura Buriticá, César David Grisales, Edisson Alexánder Alzate y Manuela Eblé, cuyas trayectorias, aunque distintas, comparten un origen común y una manera particular de entender el espacio.
Por ello, LA PATRIA registra sus quehaceres y evidencia en medio de este homenaje que la arquitectura colombiana se está redefiniendo desde múltiples frentes. Y en ese proceso, Manizales sigue aportando miradas que, desde la montaña, dialogan con el mundo.
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Laura Buriticá: un camino alterno al oficio tradicional
El camino de Laura Buriticá hacia la arquitectura no fue lineal ni evidente. De hecho, durante su formación llegó a cuestionar si ese era realmente su lugar, incluso contemplando migrar hacia las artes plásticas.
“Nunca me imaginé con botas y casco”, afirma. Sin embargo, fue en ese tránsito, en esa duda, donde empezó a construir una mirada propia que hoy la distancia de los enfoques más tradicionales de la profesión.

Foto | Ana Menjura | LA PATRIA
Las puertas del diseño
Formada en la Universidad Nacional sede Manizales y con una maestría en Estética y Creación de la Universidad Tecnológica de Pereira, su trayectoria ha estado atravesada por el cruce entre disciplinas.
Su paso por espacios como el Festival Internacional de la Imagen y su trabajo en la Universidad de Caldas ampliaron su campo de acción hacia el diseño, la creación y las prácticas artísticas contemporáneas.
Manizales, clave en su proceso
Más que edificios, su proyecto más significativo ha sido liderar la transformación del Museo de la Universidad de Caldas. Allí enfrentó el reto de reorganizar múltiples colecciones (desde arqueología hasta historia natural) y reabrir el espacio en una nueva sede.
Para Buriticá, este proceso fue museográfico y profundamente arquitectónico: una forma de ordenar, conectar y dar sentido a múltiples saberes.
Su visión se aleja de la idea del arquitecto como figura que impone formas de habitar. En cambio, apuesta por espacios abiertos, sensibles y colectivos, donde las comunidades puedan encontrarse y dialogar.
Este reconocimiento, dice, valida justamente esas prácticas que se salen de lo convencional y amplían lo que significa ejercer la arquitectura desde su posición.
César David Grisales: Un enfoque guiado por la tecnología
Desde muy joven, César David Grisales encontró en la creatividad un lenguaje natural. Ese interés temprano por las artes y el diseño fue tomando forma hasta convertirse en una decisión clara: la arquitectura como el punto de convergencia entre lo técnico y lo creativo.
Egresado de la Universidad Nacional sede Manizales, su formación estuvo marcada por una reflexión constante sobre el sentido de la arquitectura más allá de los edificios.

Foto | Cortesía César Grisales | LA PATRIA
Esa inquietud lo llevó a especializarse en metodologías BIM (Building Information Modeling), un enfoque de trabajo colaborativo e integral para la gestión de proyectos de arquitectura, ingeniería y construcción que centraliza toda la información en un modelo digital 3D inteligente.
Fue a través de un máster europeo con este enfoque que consolidó una visión en la que la tecnología se volvió una forma de pensar los proyectos.
Alcance internacional
Su trayectoria profesional lo ha llevado por oficinas en Colombia y Europa, hasta su actual trabajo en Londres.
Uno de los proyectos que mejor sintetiza su recorrido es la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, donde participó desde el concurso hasta la construcción. Para Grisales, el valor de esta obra está en el proceso: entender cómo un proyecto evoluciona colectivamente en el tiempo.
Un proceso que inició en Manizales
Su enfoque combina diseño, modelación y visualización como un sistema integral que permite llevar las ideas a una materialización más precisa.
Aun así, reconoce que su sensibilidad tiene raíces claras en Manizales: una ciudad donde el paisaje no es fondo, sino protagonista, y donde la arquitectura se aprende en diálogo constante con la geografía.
Para él, el homenaje también habla de una cualidad humana: la disciplina, la adaptabilidad y la capacidad de trabajar en equipo que caracteriza a los profesionales formados en la ciudad.
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Edisson Alexánder Alzate: entre el territorio, la academia y la experimentación
En el caso de Edisson Alexánder Alzate, la arquitectura nace desde la infancia, ligada a la acción de crear. Influenciado por su madre y por una temprana fascinación por el dibujo y la construcción de objetos, su relación con el espacio comenzó desde la imaginación y el juego.
Su formación en la Universidad Nacional sede Manizales estuvo marcada por maestros y experiencias que le permitieron descubrir el valor de lo público y lo colectivo, especialmente al acercarse a la obra de Rogelio Salmona.

Foto | Cortesía Edisson Alzate | LA PATRIA
Más adelante, profundizó su camino en la Universidad de Buenos Aires (Argentina), donde su interés se volcó hacia la fenomenología, la experimentación material y el papel de la arquitectura en el contexto latinoamericano.
Manizales, como ciudad de ladera, dejó en él una enseñanza fundamental: la arquitectura no se piensa solo desde la planta, sino desde la sección, desde la relación con el terreno y el horizonte. Esa conciencia geográfica atraviesa su práctica.
Proyecto colectivo
Alzate se reconoce en los procesos colectivos. Uno que sintetiza esta visión es The Flyer House, una propuesta que equilibra la solidez del concreto con la levedad de una estructura que se proyecta sobre el vacío, inspirada en los primeros experimentos de vuelo.
Su trayectoria, que incluye experiencias en distintos países y una fuerte relación con la docencia, se define por la diversidad. Con su estilo busca responder con honestidad a cada contexto.
Para él, el reconocimiento es el reflejo de un trabajo conjunto y del potencial de las nuevas generaciones de arquitectos que se forman en Manizales.
Manuela Eblé: Enfoque sostenible y sensibilidad social
Para Manuela Eblé, la arquitectura fue una consecuencia natural de una infancia marcada por la curiosidad por los espacios. Desde pequeña, en medio de planos dibujados junto a su padre ingeniero y horas de juego construyendo con Lego, encontró un punto de encuentro entre lo artístico y lo técnico.
Esa dualidad (entre el arte, la música, las matemáticas y la ciencia) terminó por definir su camino profesional, entendiendo la arquitectura como un campo donde todas esas dimensiones dialogan y, además, como una herramienta para generar impacto en la relación entre las personas y su entorno.

Foto | Cortesía Manuela Eblé | LA PATRIA
Trayectoria destacada
Su formación comenzó en la Universidad de los Andes, con un intercambio en Barcelona, y se consolidó con una maestría en Ingeniería Arquitectónica enfocada en diseño sostenible en la Universidad de Bath, en el Reino Unido.
Sin embargo, aparte de las aulas, han sido los viajes, la experiencia de habitar distintas arquitecturas y, especialmente, los concursos (ganados y perdidos) los que han moldeado su práctica.
Estos espacios, asegura, han sido clave para experimentar, equivocarse y construir, junto a sus equipos, algunos de sus proyectos más importantes.
Alcance nacional con Manizales presente
Aunque hoy desarrolla su trabajo desde Bogotá, su origen en Manizales sigue siendo una influencia constante.
De la ciudad destaca su sensibilidad frente al entorno y su vocación por generar impacto positivo, rasgos que se reflejan en su manera de entender la arquitectura como una práctica que debe responder al contexto, pero también aportar social y ambientalmente.
Esa visión se materializa en proyectos como la nueva sede de los Tribunales de Cundinamarca y de la Corte Suprema de Justicia, una obra en desarrollo que sintetiza su enfoque: una arquitectura que dialoga con el territorio, que encuentra en el material (especialmente el ladrillo) un elemento central, y que integra la sostenibilidad y la relación con la naturaleza desde el origen mismo del diseño.
En ese sentido, este reconocimiento se convierte, para ella, en una oportunidad para visibilizar un trabajo construido a lo largo del tiempo y, al mismo tiempo, en una muestra del nivel de la arquitectura que hoy se produce desde Manizales, una ciudad que sigue aportando miradas críticas y comprometidas al panorama nacional.
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